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Patria es una novela de obligada lectura para entender parte importante de la historia de España. De la historia oscura y triste.

Es la España del terrorismo de ETA, narrada desde el epicentro de la sociedad vasca y metiéndose en la piel de los dos bandos. Hace comprender las dos caras de una moneda cuyo anverso es el asesinato de más de ochocientas personas y el reverso, la vida arruinada para siempre de sus familias y las de las familias de los asesinos.

La descripción costumbrista de una época que he vivido en primera persona en mi Pamplona natal, me ha hecho recordar mi niñez, mi adolescencia y mi etapa universitaria.

Patria ha provocado en mí sentimientos encontrados de nostalgia por una época ya pasada; de ternura hacia unos personajes que siento familiares; de aversión hacia una situación incomprensible; de tristeza por el recuerdo de todas las víctimas asesinadas y también me han arrancado más de una carcajada los protagonistas que reflejan fielmente el carácter de las gentes de allá. Los navarros y los vascos no expresamos sentimientos. Ni falta que hace. Nadie nos lo ha enseñado. Y esto queda muy latente a lo largo de toda la novela y puede que pretenda justificar por qué tras la barbarie, se miraba para otro lado.

Mi padre, militar destinado durante una época – la más dura – en Bilbao, nos llevaba al colegio en coche, mirando los bajos y cambiando de trayecto cada día. Jamás me paré a pensar en que pudiera ocurrirnos algo. Era la mirada de una niña.

En la adolescencia teníamos amigos abertzales, pero ellos quedaban a tomar kalimotxos y pintxos en Jarauta y nosotros lo hacíamos en San Nicolás. En ocasiones y de forma casual, nos juntábamos y cantábamos todos el Sarri Sarri de Kortatu, pero la actividad de cada uno, la de los cachorros de ETA y la de los hijos de sus objetivos, era bien diferente. Ellos, preparaban las algaradas callejeras que nosotros intentábamos evitar. Lo habitual en Lo Viejo era que te pillara una de ellas y tener que correr para evitar un pelotazo de goma o quedar encerrado en un bar en el que podía caer un bote de gas lacrimógeno, que era la mar de desagradable. La vuelta a casa, consistía en atravesar un paisaje con contenedores y cajeros ardiendo, alguna villavesa atravesada e incluso la visión de un reparto de billetes para quienes habían causado esos destrozos. Jamás me paré a pensar que eso no era lo normal. Era la mirada de una adolescente.

Pero eso ocurría en la anónima capital. En los pueblos era otra historia. Allí las cuadrillas hacían el vacío a quienes no apoyaban el terrorismo. Y eso en una juventud fácilmente manejable, tenía una peligrosa deriva hacia la pertenencia a La banda. En un pueblo, no existía el término medio, o se era o no se era. Y de estos, quien no vivía acosado, corría el riesgo de ser asesinado.

Novela de expresión sencilla, sin pretensiones pero de una fina sutileza que consigue transmitir un acento que se me ha antojado ubicar en la navarra Leiza. Lo mismo da. En este sentido, la ambientación recuerda a Los Años Lentos del mismo autor aunque con madurez en sus descripciones. En ocasiones, parece que te llega el olor del gorrín que prepara la etxekoandre en su cocina. En algunos personajes he visto reflejados a mi Amatxi, que por supuesto gobernaba en casa pues el matriarcado en esas tierras es incuestionable, y a mi abuelo, un hombre fácil, dedicado a su empresa, a su mus con los amigos, a la pesca y a la buena cocina.

Los capítulos podrían leerse en alternancia y se narra en primera persona por los diferentes protagonistas, lo que consigue que uno pueda llegar a comprender, nunca a justificar, por qué el ambiente y las circunstancias que rodean a las personas tienen gran influencia en la manera de actuar, de vivir y de entender la vida.

Patria hace comprender cómo se llega a una situación tan terrible como absurda. Absurda porque tras años de asesinatos, no se ha llegado a ningún punto, punto que ni siquiera hoy alcanzo a comprender. El nacionalismo es un sinsentido. Yo no soy menos navarra ni amo menos mi tierra y sus costumbres por no serlo. ¿Independencia? ¡Por Dios, en un mundo en el que reina Amazon!

Me alegra que esta época de sangre pertenezca al pasado. No tanto que muchos de los que quemaban cajeros y disparaban en las nucas estén gobernando las instituciones. Y, como ocurría antes, con ese carácter nuestro de no expresar y justificar, allá nadie dice nada y se mira para otro lado…

Patria, de Fernando Aramburu, lectura obligada para este verano.

Gabriela Uriarte Taberna
Directora Adjunta de Formación
Directora de Promociona
CEOE
#SoyPromociona

Gabriela Uriarte Taberna
Directora Adjunta de Formación
Directora de Promociona
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