El PACKAGING podríamos definirlo como el arte o la ciencia y la tecnología de inclusión o protección de productos para su distribución, almacenaje, la venta, y/o utilización. Los diseñadores, creativos y publicitarios consideran que el packaging tiene como objetivo primario de atraer la atención de los clientes y ser la principal ventana de comunicación hacia el consumidor. La presentación de un producto es fundamental, de forma que, que puede determinar que el producto sea un éxito… o un fracaso. Por mucha publicidad que haga, y por mucho que su producto sea superior, el consumidor decide qué compra cuando está delante del producto, y en ese momento lo único que ve es la etiqueta, la caja, el envase con que lo presenta.

Un buen packaging es quizás el elemento que hace más perdurable la imagen de marca de un determinado producto.  Aspectos como lo funcional, lo reutilizable que sea y un diseño atractivo son esenciales para que el envase se convierta en un valor añadido al producto final.

 

Veamos unos claros ejemplos:  ¿Quién no recuerda las botellas de Coca-Cola de antes, las cajas de Kelloggs, o la botella de Anís del mono, las pastillas de jabón Heno de Pravia, los paquetes  de Tablerone,  Jack Daniel’s o las latas de sopa Campbell? Todos ellos son productos que deben a su envase su mayor identidad y universalidad.

 

El packaging es otro elemento más en la decisión de compra ya que es capaz de crear sentimientos en el consumidor y aquí es donde interviene también el Neuromárketing. Por ello no podemos considerar el packaging como un elemento externo y estático,  como consumidores se nos activan áreas cerebrales cuando nos enfrentamos a determinados productos, el packaging posee un fuerte contenido multisensorial interior que crean sensaciones perceptibles en el  consumidor. No sólo se trata de conseguir que el consumidor compre, sino que cuando llegue a casa la capacidad de impacto multisensorial prevalezca.

 

Si el packaging afecta a los adultos, consigue su atención y los captura..,  ¿qué sucede con los niños?, ellos son consumidores mucho  más sensibles que los adultos. Aquí hemos de tener en cuenta consideraciones éticas y legales que les afecta. Allí donde un adulto puede reflexionar y ver que se trata simplemente de un mensaje publicitario, el niño-consumidor no consigue ver más que el atractivo de la oferta. Lo que mueve su consumo es la estética.

 

Recientes estudios de una universidad canadiense, demuestran que los niños reaccionan más ante como está empaquetado un producto que  ante el nombre del mismo. Ante la elección de escoger un producto empaquetado en algo liso y algo que estaba decorado, los niños escogieron el producto en envase decorado, independientemente de si el producto era conocido o no. Analizando patrones de alimentación, se puso de manifiesto que la comida se presenta ante los niños como algo divertido: divertido para comer, divertido para beber, recordáis la “bati-cao”, las galletas con forma de dinosaurios ? También el color es factor importante: los colores más utilizados son el amarillo, rojo, verde y azul. Las tipografías más utilizadas son las que recuerdan dibujos animados o utilizan como reclamo personajes de dibujos animados.

Finalmente, podemos decir que es  posible conquistar a los padres y a los niños al mismo tiempo, para ello es necesario aunar un packaging sencillo y simple pero al mismo tiempo creativo e imaginativo, de este modo se conseguirá  sorprender  a los padres, los padres son los que tienen la decisión de compre definitiva.

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