Durante muchos años se ha usado (abusado) de las diferentes herramientas del marketing, con el único objetico de fomentar las ventas, lo que ha llevado a generar una desconfianza y prevención, apuntando a la inflación de expectativas, la incertidumbre y la inseguridad que generan las promesas de una determinada campaña.

Más allá de las ventas y la publicidad, debemos empezar por satisfacer las necesidades individuales, desde la honestidad y “el cariño”, para recuperar la confianza de los consumidores, ya que a su vez, a éste error se le suma el continuo bombardeo al cual estamos sometidos diariamente por todos lados.

Con lo cual debemos ser más selectos y delicados ya que ahora no todo vale, focalizar nuestros esfuerzos en mimar a nuestro consumidor, observarle y atenderle, para poder ofrecerle  lo que está buscando, generando a su vez un afecto hacia nuestra marca por el trato recibido o la generación de valor del mismo, que lo diferencia del resto y hace sentirse al cliente, orgulloso/a de su elección y adquisición.

Ésta es la nueva filosofía del marketing, la cual deberemos emplear y transmitir si queremos sobrevivir y no  malgastar nuestro tiempo y dinero.

Sin olvidarnos nunca de nuestro objetivo principal “El cliente”.

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