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Después de unos años de experiencia en la orientación laboral, siempre te encuentras con las mismas frases o tópicos que los usuarios del grupo de orientación te exponen una y otra vez, “en mi sector solo se encuentra trabajo por enchufe”, “con mi edad es muy difícil que me cojan en ningún sitio”, “soy mujer y tengo 45 años…”, … “encontrar trabajo es cuestión de suerte”

Pues bien, no es objeto de este post desmontar uno por uno estos tópicos, pero si atender a la concepción de que el éxito del proceso de búsqueda de empleo es cuestión de azar o suerte. En primer lugar analizamos el origen de esta idea.

El proceso de búsqueda de empleo, al tratarse de un proceso de “siembra y recogida”, resulta difícil percibir que se tiene control sobre sus resultados, el candidato entiende que él hace lo suficiente y que todo de pende de otros, (el seleccionador en este caso). Esta idea es la que otorga todo el control del resultado al azar.

No vamos a negar que el “don de la oportunidad” existe, y que enviar hoy un CV puede proporcionarte una oportunidad a la que no se hubiera podido optar ayer, sin embargo esto no significa que el resultado sea azaroso, ya que para optar a esa oportunidad hay que estar, y eso si depende del plan de búsqueda de empleo que se esté desarrollando.

No es lo mismo como afecta ese “suerte” al candidato que realiza una búsqueda activa con estrategia de autocandidatura, posicionamiento en la red, elaboración de networking, rediseño continuo de su perfil profesional …. Que el candidato que limita su búsqueda a los portales de empleo y su CV es el mismo desde que inicio el proceso de búsqueda.

Esta es la diferencia entre entender el proceso como un juego de azar a concebirlo como un proceso en el que “YO” tengo el control sobre el. Planificar mis tareas diarias de búsqueda, rediseñar las estrategias que utilizo, son los factores que me otorgan el poder de proceso de búsqueda. Podemos decir que es la diferencia entre una búsqueda activa de una pasiva.

Y para finalizar, es interesante reseñar la importancia de nuestros “fracasos”, o falta de éxito, en nuestro proceso de búsqueda de empleo, es decir, el no ser seleccionado en una oferta o no pasar la entrevista de un proceso de selección nos enseña y mucho de cómo debemos redefinir y reorientar nuestro proceso de búsqueda, por eso nuestra hoja de ruta está viva, y nosotros como dueños de nuestro proceso de búsqueda, debemos estar pendiente de incluir aquellos aspectos de mejora que vayamos detectando a raíz de nuestros “fracasos”, o como deberíamos concebirlos: oportunidades de aprendizaje.

SUERTE

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